Cuatro: del dicho al hecho...

Por Manuel Márquez - 11 de Octubre, 2006, 21:06, Categoría: Medios

La valoración de cualquier empeño personal, ya sea individual o colectivo, en función de las proclamas o declaraciones de sus responsables suele constituir, en la mayoría de las ocasiones, bien un acto de injusticia,bien de ignorancia, en la medida en que soslaya una constante tan humana como es la de la (más o menos amplia) distancia que suele mediar entre tales efusiones verbales y las realidades que, supuestamente, reflejan. Hay ocasiones en que la distancia, por lo reducida, casi justifica que no se hagan reproches al respecto, y que, en último extremo, demos por buenas las argumentaciones de su emisor. Pero hay otras en que esa distancia es tan abismal que ni la más potente de las collejas sería castigo suficiente para el mentirosillo de turno: en el caso de los responsables de Cuatro, una poderosa manta de palos seguiría quedándose corta...

El nacimiento de Cuatro, allá por el mes de noviembre del pasado año, vino envuelto en una campaña publicitaria cuyos mensajes de fondo pretendían subrayar el que, se supone, habría de ser rasgo distintivo de la cadena. Llamémosle, por ejemplo, estilo. Cuatro no iba a luchar por las audiencias masivas (empeño en el que dejaría que se siguieran despedazando a dentellada limpia aquellos que ya venían haciéndolo hasta la fecha, es decir, el resto de cadenas generalistas), sino que iba a hacer una televisión diferente, alejada de todo lo zafio y soez que, en ese momento, y desde hacía algunos años, se enseñoreaba del panorama catódico. En Cuatro, naturalmente, sólo habría sitio para una programación de calidad, con lustre, enfocada a un público preferentemente urbano, joven y culto, y, si en base a ella, el nicho de mercado no llegaba a alcanzar un volumen muy alto, no había mayor problema. Se trataba de buscar la calidad, y no la cantidad.

La cuestión es que la parrilla de programación empezó haciendo honor a tal declaración de intenciones, con un especial énfasis en unos servicios informativos tremendamente potentes y un abanico de series variado y contrastado, que venían a constituir los dos pilares básicos sobre los que se configuraba la oferta televisiva. Y así arrancó el invento: francamente bien, todo hay que decirlo, y con unas perspectivas ilusionantemente prometedoras. Pero ya conocen, amigos lectores, aquel refrán que reza aquello de que lo bueno, si breve, dos veces bueno: en la mente de los responsables de la cadena debió instalarse tal aserto en calidad de axioma incontrovertible, y, efectivamente, lo bueno duró poco. ¿Poco? No, poquísimo. El tiempo justo para constatar que incidir en una serie de líneas de programación y contenidos más acordes con los gustos imperantes rendía frutos inmediatos en forma de crecimiento de los índices de audiencia. Y ése fue el camino emprendido, hasta la fecha, en que, con la incorporación reciente (hace sólo una semana) del programa matinal de Concha García Campoy, es posible que podamos dar ya por cerrado el proceso de homogeneización y estandarización sufrido por el canal televisivo generalista y en abierto del grupo Prisa.

La parrilla de programación actual de Cuatro se parece bastante poco (prácticamente, nada) a aquella con la que la cadena arrancó sus emisiones, y sí es perfectamente asimilable a la de cualquiera otra de las cadenas generalistas: formatos similares en todas las franjas horarias, contenidos en línea con lo habitual en todas ellas (con especial dedicación al mundo de eso que viene en llamarse corazón –sic-) y otorgamiento del máximo protagonismo (hasta el punto de convertirlos en sus auténticos "buques insignia") a los programas de telerrealidad –sic-. En consonancia, los índices de audiencia empiezan a abandonar los ratios por debajo del 5 %, habituales hasta hace poco tiempo, para ir rascando, paulatinamente, cifras más cercanas al 7 % (más que estimable subida, sobre todo si se tiene en cuenta la velocidad con que la fragmentación de audiencias está haciendo mella en los grandes índices de las cadenas "mayores").

¿Qué es, pues, lo que no cambia? El discurso, obviamente. La dirigencia de Cuatro, en pleno, sigue proclamando a los cuatro vientos su condición de cadena de televisión "diferente". Y, qué quieren que les diga, amigos lectores, no cuela. No voy a negar que los programas punteros (magacines, concursos de telerrealidad y similares) de Cuatro procuran huir del encanallamiento brutal en que la mayoría de programas de tales formatos de otras cadenas se instalaron hace ya años, y que hay ciertos límites que, en base a unas determinadas convicciones periodísticas, no se llegan a traspasar, afortunadamente. Pero es difícil, muy difícil, conseguir que los formatos no terminen "contaminando", de alguna manera, los contenidos: se trata de un proceso inoculatorio de percepción muy tenue, casi imperceptible, pero imparable. Y, más allá de que me resulte más hermosa y estimulante la melena leonística de Vicky Martín Berrocal que las relucientes calvas de los infames hermanos Matamoros, sospecho que, a poco que se rasca, no se encuentra mucho más debajo de la una que de las otras. ¿Conclusión? Que con queso, a los ratones. Y aún dirán que es el doctor House el que tiene la cara muy dura....

El Blog

Calendario

<<   Octubre 2006  >>
LMMiJVSD
            1
2 3 4 5 6 7 8
9 10 11 12 13 14 15
16 17 18 19 20 21 22
23 24 25 26 27 28 29
30 31      

Sindicación

Webs de cine

Estadisticas y contadores web gratis
Oposiciones Masters
Suscribir con Bloglines Add to Netvibes
Alojado en
ZoomBlog