Metablog II: Qué hace un tipo como yo en un mundillo como éste...

Por Manuel Márquez - 6 de Octubre, 2006, 17:57, Categoría: Metablog

Desconozco las estadísticas –que, sin duda alguna, y con un grado de rigor y detalle apabullantes, me consta que, como las meigas, habellas, haylas- relativas a la edad media de los autores de blogs; pero, como seguidor regular y lector habitual de un buen puñado de ellos, y visto lo visto en la materia, tengo la completa seguridad de que la mía se halla, y bastante, por encima de la misma.

Es comprensible. El mantenimiento regular y prolongado de un blog es una tarea que, más allá de los talentos, habilidades y capacidades que cada cual le aplique, requiere de un elemento fundamental e ineludible: tiempo (libre, por supuesto; doy por descontado, y todos asumimos, que los días tienen veinticuatro horas para todo el mundo). Y es una mera cuestión estadística que la disponibilidad de tan preciado tesoro, en función de situaciones personales (sobre todo, de índole laboral y familiar) suele ser mucho más elevada a edades más tempranas. Arañar una ó dos horas diarias cuando se "goza" de un trabajo con cierto nivel de responsabilidad y se tienen críos pequeños no es logro sencillo –buena cuenta puedo dar de ello-, y ésa es una situación más habitual entre talluditos internautas cuarentones que entre la troupe de aguerridos blogueros veinteañeros. Me limito a constatar el hecho, sin entrar en valoración alguna sobre ello: sencillamente, no tengo valoración alguna que hacer al respecto.

Pero tampoco es grave. He de reconocer que, en numerosas ocasiones, observo con cierta distancia, que no desinterés, los temas que, dadas la profusión, vigor y fervor con que son tratados, parecen ser principal objeto de atención de la comunidad bloguera: la precariedad laboral, la dificultad para el acceso a la vivienda, los derechos de autor y su influencia en la capacidad de acceso a productos culturales, el futuro de Internet (y de la cacharrería tecnológica a él asociada). Supongo que tal distancia es la consecuencia lógica de encontrarme en una situación vital en la que tales asuntos no constituyen (afortunadamente) una preocupación que se experimenta en carne propia; pero tampoco me resulta difícil comprender la desazón que esas cuestiones generan en buena parte de esa comunidad que sí que los sufre, ni tampoco por ello dejo de sentirme partícipe, en cierta medida, de la misma.

En cualquier caso, está muy claro que esta casa es grande, muy grande; enorme, diría yo. Tan enorme, que hay sitio para todos, sin dificultad alguna. Y, cómo no, tal cual cantara el bardo Joan Manuel, cada loco con sus temas: más o menos amplios, más o menos diversos, más o menos interesantes. Y a quien Dios le lea, que San Pedro le actualice el contador de visitas... Todos contentos, ¿no? Eso sí, no puedo evitar, de vez en cuando (procuro no recrearme demasiado en el ejercicio, porque no creo que sea bueno para la salud), una reflexión, casi furtiva, sobre lo que me hubiera supuesto, en estrictos términos de disfrute, haber podido contar con un blog hace quince, veinte años. Cábalas, elucubraciones, o la nostalgia de lo que no se vivió –la peor, la peor...-. En fin, dejémoslo estar.

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