Cosas de esas que no entiendo

Por Manuel Márquez - 8 de Agosto, 2006, 17:00, Categoría: Medios

Nada más lejos de mi ánimo e intención que el pretender introducirme en las profundidades y espesuras de los caminos por los que transita, con mucho mayor y mejor conocimiento de causa que el de este humilde escribiente, mi compañera en estas lides blogueras , Sonia Blanco (no en balde, su tesis doctoral, y buena parte de su dedicación universitaria, investigadora y docente, en materia de medios de comunicación, se centra, de manera concreta, en los procesos de espectacularización de la información en éstos); pero hay ocasiones en que ciertas imágenes le provocan a uno (de natural, por lo general, bastante poco sensible) una serie de reacciones en cadena, cuyo final lógico (en el contexto de que uno, al fin y al cabo, tiene una querencia bastante pronunciada por darle a la tecla) es éste: una reflexión, negro sobre blanco, y, destacadas entre muchas otras, un par de preguntas. ¿Por qué? ¿Para qué?

Trátase de lo siguiente. Hace unos días, un informativo de una cadena generalista, edición de mediodía, emitía unos imágenes relacionadas con un desastre meteorológico ocurrido en México, que causaba una serie de inundaciones con el resultado de cuantiosos daños tanto materiales como humanos: entre estos últimos, numerosas personas desaparecidas y fallecidas, entre las cuales se encontraba un niño de corta edad, cuyo cuerpo sin vida, cubierto de fango, desmadejado y envuelto en una frazada, era llevado en brazos por un adulto. Y ahí estaba su imagen: sin previo aviso, brutal, estremecedora... Primero, fue el horror, el espanto; después, la estupefacción, el desconcierto; y, finalmente, la indignación, o, para que ustedes me entiendan bien, un cabreo de órdago. El mismo que me ha empujado, definitivamente, a escribir estas líneas.

No se equivoquen, amigos lectores. No soy de los que cambian de canal cuando aparecen imágenes de guerras, matanzas, masacres y cualesquiera otros desmanes, naturales o no tanto, a los que tan dados somos los componenentes de esta curiosa especie humana. Tampoco me regodeo morbosamente en su contemplación, pero siempre me he considerado, con fundamento, eso que comúnmente se suele denominar ?un tío con mucho estómago?, al menos en lo relativo a imágenes televisivas ?otro cantar sería encontrarse con esas visiones ?en vivo y en directo?: afortunadamente, jamás me ví en tal tesitura, pero dudo mucho que mi cuajo y resistencia dieran de sí para muchos alardes-.

Por otro lado, siempre he sido contrario a cualquier tipo de censura, fuera en base al criterio que fuera (ya moral, ya ético, ya estético), sobre este tipo de imágenes: si algo pasaba, bien estaba mostrarlo tal cual sucedía, sin ningún tipo de retoque, aditamento o manipulación. Nunca está de más saber de qué pasta estamos hechos, y, si se quiere sensibilizar acerca de cierto tipo de horrores, no son tapujos y ocultaciones los medios más adecuados para conseguirlo.

Pero, qué quieren que les cuente; no sé si será la edad (uno ha pasado ya la barrera de los cuarenta: sí, cierto, no pasa nada, pero...) o la circunstancia personal (algo ?más bien, mucho- debe pesar el ser padre de un crío de corta edad, que aún no ha cumplido los cuatro añitos): la cuestión es que no fui capaz de soportar con entereza el visionado de esas imágenes, me derrumbé. Y, en cualquier caso, más allá de eso ?de hecho, es algo que aún a estas alturas me sigue rondando la cabeza-, no alcanzo a entender su necesidad, su conveniencia o su interés, desde el punto de vista informativo (que, al fin y al cabo, es del tipo de material del que estamos hablando). ¿Era necesario mostrar el hecho ?tan tremendo, tan descarnado- para dar cuenta de su acaecimiento? ¿Ayudaba esa imagen a algo, a alguien; hacía algún bien, algún beneficio, en general o en concreto? ¿Qué consiguió con ella el que la tomó, el que la mostró, el que la vió? Muchas preguntas para las que no encuentro respuesta, y es posible que casi prefiera no encontrarla. Miedo me da.

Hoy, en contra de lo que suele ser habitual en este blog, no habrá imágenes acompañando a un artículo. En su lugar, las dos preguntas: ¿por qué? ¿para qué?

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