Los simuladores: Superman tampoco vuela

Por Manuel Márquez - 4 de Abril, 2006, 19:53, Categoría: Medios

Intenso despliegue publicitario el que ha efectuado Cuatro, la cadena generalista del grupo Prisa, para el lanzamiento de su última entrega de ficción –además, y a diferencia de la que viene siendo línea habitual de la casa, de producción propia-, Los simuladores. Un formato importado de Argentina (de donde rescata también a uno de sus protagonistas, Federico d'Elia, que encarna el personaje de Santos, jefe del grupo), y que constituye una apuesta novedosa, sugerente, entretenida y con una premisa argumental poco frecuente por estos lares, en que la ficción seriada tiende a decantarse por la elección entre una dicotomía cerrada (drama-comedia) que deja muy poco margen para otros géneros y tonos narrativos.

La propuesta, después de la emisión de sus dos primeras entregas, apunta muy buenas maneras: los guiones son imaginativos y, con el ineludible margen fantasioso que una mínima concesión a la espectacularidad televisiva debe hacer, bastante consistentes; el ritmo narrativo es ágil; la realización, bastante cuidada;y el elenco interpretativo (tanto sus cuatro protagonistas –rostros nuevos y muy prometedores, que, sin duda alguna, darán bastante juego en el medio de aquí en adelante-, como los colaboradores puntuales en las historias de cada episodio –aquí no hay lugar para secundarios-), de una frescura y solvencia a la altura de las situaciones y personajes que tienen que desarrollar.

No se trata, desde luego, de un empeño fácil. El punto de partida argumental –la existencia de un grupo de cuatro hombres con rasgos de carácter y habilidades técnicas y emocionales totalmente diferentes, y complementarias, que aúnan sus capacidades al servicio de causas justas de todo tipo y pelaje- ofrece dos puntos de enganche inequívocos, como son la simpatía que genera su adhesión siempre al servicio del más débil (que nos sitúa siempre de parte de los "buenos") y la emoción por la incertidumbre de saber cómo serán capaces de dar salida a situaciones complicadas y, siempre, al borde del precipicio (que obliga a un ejercicio de imaginación afilada y siempre alerta). Evidentemente, la solidez y buen funcionamiento de ambos puntos ha de descansar en la construcción atinada de los guiones, y eso es algo que, hasta ahora, ofrece señales bastante positivas, aunque habrá que esperar a la evolución de los capítulos subsiguientes, para saber si el listón se mantiene, o no, en el mismo nivel.

También es muy importante, para dotar a la propuesta de solidez e interés, que la construcción de los personajes resulte atractiva, y, en ese aspecto, el trabajo también está siendo muy acertado. Los cuatro integrantes del equipo ofrecen puntos muy elementales de coincidencia (su condición de hombres jóvenes y con grandes dosis de templanza –en este sentido, creo que es un acierto no haber introducido, bajo el sometimiento a los dictámenes de lo políticamente correcto, a ninguna mujer como componente del equipo, aunque quizá sí que está de más algún detalle ligeramente misógino (parece ser que no pasará ningún capítulo sin que al personaje de Jota le llegue la partenaire de turno ofreciéndosele carnalmente de manera bastante voraz), y, más allá de eso, perfiles tanto físicos como psicológicos diferenciados, aunque también lo suficientemente difuminados como para hacer creíble su capacidad de adaptación a todo tipo de personajes y cuadros de situación. Otro acierto innegable y que, al igual que el anterior, habrá que ir siguiendo en su evolución para poder contrastar en qué medida se asienta y consolida o, por el contrario, empieza a generar síntomas de agotamiento.

En definitiva, un inicio prometedor y muchas expectativas que sólo los capitulos sucesivos podrán confirmar o defraudar. Aunque ya se llega a hablar de los puntos de contacto entre esta serie y un fim como Misión imposible, no me parece, a pesar de las concomitancias que, ciertamente, pueda haber, una comparación afortunada: aquí no hay tanta alharaca tecnológica (ni, consecuentemente, efecto especial) y todo se fía, mayormente, a las sutilezas y artes simulatorias de los protagonistas. Claro está, siempre hay algún punto que, como antes apuntaba, y dentro de un clima de verosimilitud bastante conseguido, chirría un poquito, porque se introduce con el pie un tanto forzado, pero, claro está, estamos en el terreno de la ficción, pese a lo cual siempre habrá alguien a quien los retruécanos y jugarretas de estos cuatro tipos les parezcan absolutamente inverosímiles: a mí, sinceramente, lo que me resulta auténticamente increíble es que al doctor House, con lo insoportablemente borde que es, no lo corran a garrotazos un capítulo sí, y otro también. Y, en última instancia, no lo olviden, amigos lectores: Superman tampoco vuela...

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