- La portada del diario El País del sábado, 4 de marzo, nos ofrece una hermosa fotografía en la que podemos observar a los dos líderes del Partido Popular, el actual (y coyuntural), Mariano Rajoy, y el pasado (y sempiterno: larga es la mano...), José María Aznar, en actitud alegre, fraternal y dicharachera, sentados sobre la moqueta de la primera fila del centro donde se celebra la convención de su partido, cual si de dos joviales y picaruelos estudiantes de instituto se trataran. Pocos espectáculos más patéticos que el de señores de natural tendencia envarada y ceremonial, intentando transmitir una imagen de cercanía y sencillez a base de gestos que rayan más en lo pueril que en lo espontáneo. ¿Se los cree alguien? Yo, sinceramente, no...
- Polémica (difícil que no se hubiera planteado, dados los términos de la declaración) ante las palabras de Tony Blair, en una entrevista concedida a la BBC: él sólo está dispuesto a rendir cuentas ante Dios por su decisión de enviar tropas británicas a Iraq. Cosas veredes, u oyeres: cuando aún resuenan (afortunadamente, con tremenda sordina) los ecos de aquel triste sarcasmo (uno de tantos...) que proclamara nuestro ínclito generalísimo, acerca de sus muy peculiares autoexigencias de asunción de responsabilidades (él sólo pensaba responder ante Dios y ante la historia), hete aquí como se empieza a extender entre gobernantes formalmente democráticos (Bush, Blair y algún otro más que habría rescatar, a buen seguro, vía hemeroteca) una asunción de listón todavía más bajo (éstos ni siquiera apelan, a veces, al juicio de la historia, que, supongo, les trae absolutamente al fresco, al menos en este momento: tiempo tendrán para redimir, vía fundaciones pacificadoras, sus desmanes presentes...).
- El último, en clave local-nacional. El pasado lunes, con motivo de una conferencia pronunciada en el hotel Ritz de Madrid (parece que ya pasaron los tiempos de las charlas en los gimnasios de institutos de secundaria...), Rosa Aguilar, alcaldesa de Córdoba, de Izquierda Unida (?), era piropeada-cortejada por José Bono, ministro de Defensa, del PSOE (?), que sugería-insinuaba su posible condición de futura ministra (no me gusta ese palabro que ustedes saben, ése...) en un gobierno socialista. ¿Les suena extraño? A mí, no. José Bono y Rosa Aguilar comparten, fundamentalmente, un rasgo político -entre otros muchos, como pueden ser su populismo y su desatención a consignas partidarias-, que es el de su escasa (por no decir nula) identificación con el ideario de las fuerzas políticas bajo cuya etiqueta desarrollan su actividad pública (orgánica y/o institucional). Para algunos, puede constituir un rasgo de independencia; para otros, de incoherencia. En mi caso, tengo la íntima convicción de que, sin duda alguna, a los dos les hubiera lucido bastante menos el pelo, y sus carreras políticas hubieran sido bastante menos brillantes, a tenor de coyunturas diversas, de haberse situado en sus, por así decirlo, "ubicaciones naturales" (Bono, en el P.P., y Aguilar, en el P.S.O.E.). Pero eso no deja de ser una mera suposición, por supuesto. Habrá que seguir atentos a la evolución de esta historieta, que promete episodios tremendamente jugosos (dignos del más infame espacio televisivo dedicado a la víscera cardiaca...).
- Ejercicios de búsqueda del punto medio, capítulo 7: entre la compulsión adictiva por todo lo que te rodea y el desafecto diletante hacia todo lo que te rodea.
- La apoteosis del "conceto", y V: micromachismo (y déjenme, amigos lectores, ser por un día políticamente correcto: hoy, 8 de marzo, es el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, y no quedaría bonito extenderse en disquisiciones acerca del palabro...).