Breves divertimentos IV

Por Manuel Márquez - 1 de Febrero, 2006, 9:18, Categoría: Breves divertimentos

- Una sensación que me embarga a menudo ante determinados temas de la actualidad política, nacional o internacional -la de la relación inversamente proporcional entre el volumen de información recibida y el grado de conocimiento acerca del asunto: o, traducido al castellano antiguo, cuánto más me cuentan, menos me entero...- se agudiza aún más, si cabe, en el supuesto del sempiterno conflicto israelo-palestino. Da exactamente igual cuáles sean las variables que se introducen sobre el terreno de juego, tanto en el plano político como en el más específicamente "conflictual" (por tratarlo con palabras suaves): ese avispero no deja de ser una fuente inagotable de picaduras, siempre dolorosas, siempre agrias, cuyos destinatarios últimos, como en toda situación de ese tipo, siempre son los más desfavorecidos. Eso sí, alrededor del avispero giran y giran, hablan y hablan, las superpotencias occidentales, sin ser capaces de adoptar iniciativa alguna que ofrezca salidas reales -que, ojo, ya me consta que tampoco son fáciles-.Y preguntas, surgen preguntas, innumerables, complicadas, además de, en algún caso, inconcebibles en otros contextos: ¿cómo pueden admitirse, sin medidas contundentes para su paralización inmediata, las acciones que, en aras a una pretendida política antiterrorista, pone en marcha Israel de manera frecuente? ¿qué habría sucedido si, en España, un gobierno -cualquiera- hubiera decidido el "asesinato selectivo" de Josu Ternera, o de Pakito, o de Idoia López Riaño? ¿o el bombardeo, por parte de fuerzas militares, del domicilio de los familiares de éstos, en cualquier localidad de Euskadi? Preguntas sin respuesta. Y complicadas. Una pena.

- Oía hace días, en una emisora de radio, que Silvio Berlusconi, en una entrevista televisiva, había declarado que "a él no le gustaban lo más mínimo ni la televisión ni la política". Entiendo que, dadas las circunstancias (propietario de varias cadenas televisivas y primer ministro italiano desde hace varios años), cualquiera en su sano juicio puede entender que se trata de un comentario irónico, una boutade, o una suerte de chiste fácil por parte de un hombre que suele hacer gala (o, al menos, oposita a ello, con desigual fortuna, todo hay que decirlo) de un sentido del humor bastante acendrado. No crean, amigos lectores, no crean. En lo que atañe a la cuestión televisiva, tengo el absoluto convencimiento de que todos -sin excepción alguna- los altos directivos televisivos de las cadenas generalistas no invierten ni un solo segundo de su (valioso y escaso, supongo) tiempo de ocio en consumir la bazofia que manufacturan los emporios catódicos que dirigen: he de presumir en señores de tan alto rango un mínimo buen gusto y unas mínimas exigencias en cuanto al nivel cultural de aquello que se echan al coleto. Berlusconi, malgré tout, no tendría por qué ser una excepción. Y en cuanto a la política, resulta tan descaradamente evidente que la dedicación berlusconiana a tan noble profesión no tiene otro objeto que el de dar cobertura (presente, pasada y futura, bien sea mediante componendas legislativas o jugarretas judiciales...) a su inacabable catálogo de desmanes empresariales, que huelga casi cualquier otro tipo de consideración adicional. O sea, que ironías, las justas (y cabales); o sentido del humor ma non troppo...

- Por una vez -y no sé si servirá de precedente-, esta sección hará honor a su denominación, y recogerá hoy un divertimento cierto. Mi corta experiencia en lides blogueras hace que aún esté poco ducho en determinadas cuestiones, como la de aquello que se conoce por memes. No entraré en mayores disquisiciones, amigos lectores, acerca de ellos, y sólo les contaré que recibí uno hace unos días de mi compañera Sonia Blanco -excelente su blog, al que pueden enlazar desde la sección correspondiente del mío: no pierdan la oportunidad de hacerlo, si quieren conocer una mirada amplia e interesante sobre el mundo de los medios-, recabando una relación de cinco manías. Pues bien, hágase su voluntad y sean expuestas las tales: manía 01, no admitir el más mínimo pico descuadrado en cualquier montón de papel (sea del volumen que sea) que esté sobre una mesa de mi ámbito de influencia visual; manía 02, no admitir la más mínima mota de polvo sobre la superficie de cualquier mesa en idénticas condiciones a las anteriores; manía 03, no dejar sin contestar un correo personal en el más breve plazo de tiempo (aunque en esto, naturalmente, el hombre propone y...); manía 04, no coger el teléfono si estoy enfrascado en una lectura medianamente interesante (y viva la madre que parió al inventor de los contestadores y buzones de voz...); y manía 05... teniendo en cuenta que todos tenemos manías inconfesables, permítanme que la quinta, acogiéndose a tal condición, pues eso, no la confiese... Las 995 manías restantes (presuntas o reales) también se quedan en el ciber-tintero, pero no los nombres de las víctimas a quienes endoso este juego: J. P. Bango, Jorge F., Dr. Strangelove, Llusilanisa y Emma. Disfrútenlo, compas...

- Ejercicios de búsqueda del punto medio, capítulo 4: entre la irresponsabilidad irreflexiva y la reflexión atenazadora y paralizante.

- La apoteosis del "conceto", II: un país de ciudades (Alfredo Sánchez Monteseirín, alcalde de Sevilla, resolviendo en cuatro vocablos el meollo de la discusión estatutaria catalana -y se durmió a pierna suelta...-).

- No voy a hablar de... el vestido de la ministra de Cultura en la gala de los Goya.

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